Mostrando entradas con la etiqueta notasdeunasesino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta notasdeunasesino. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de octubre de 2011

Notas de un asesino (VI)

Me despertaba cada noche a las 3 de la mañana. Oía los ladridos de Park, el perro de mi vecino. Toda mi familia seguía durmiendo, excepto yo. Cambiaba mi posición, me tapaba los oídos con la almohada... pero ahí seguía el ruido incesante. Desayunaba a la mañana siguiente unas ricas ojeras.

Un día pensé matarlo. 

Cogí un cuchillo de cocina. Lo afilé con el tenedor. Practiqué con la almohada por donde iba a rajarle, sin llegar a romperla. Y esperé hasta las 3 de la noche, tomando un litro de Coca Cola y un paquete de patatas fritas en mi vigía.

El rugir del lobo domesticado. Comenzaba la fiesta.

Salí por la ventana de la cocina con el arma blanca en la mano. Al final del jardín, el perro asomado a la valla, gruñendo y con ganas de entrar en la casa de mi familia. Fuí acercándome, sin prisa pero sin pausa. Me fijé en que se trataba de un bello Golden Terrier. Poco me importaba.

Le localizé el cuello y apunté con la punta del cuchillo...

Un golpe en el pecho me tiró al suelo. El vecino cruzó la valla con una escopeta de bolas de goma en su mano. Me pisó la mano para que soltara el cuchillo al que seguía aferrado. Tuvo que insistir hasta que lo tiré a lo lejos. Dibujó una leve sonrisa en sus dientes amarillos y me dijo:

-La próxima vez te dispararé a la cabeza y con balas de verdad.

Me faltaba la respiración. Solo podía observar como aquel tipo de 30 años me desafiaba teniendo yo 10 años. 

CONTINUARÁ




domingo, 24 de julio de 2011

Notas de un asesino (V)

Soy raro. Quizás por ello trabajo en lo que trabajo. Aunque me siento afortunado, tiendo a sentir lástima por lo que hago. Se lo merecen, sí, me pagan por ello, sí, pero son personas como yo al fin y al cabo. Me ofrecen cantidades de dinero desorbitadas que acepto, a pesar de que siempre me parezca poco, muy poco.

Sé que continuamente pretendo justificarme, con argumentos que realmente son ciertos para mí, pero eso no quita que sea malo, porque lo es. Me considero un enganchado a su droga, que consume más y más, a veces poniendo en riesgo su vida. Yo antes planificaba quedarme solo con mi víctima, ahora liquido en presencia de otras personas. Digamos que busco la ola perfecta, aunque realmente no exista.

Lo que más acerca a esa hipótetica "ola perfecta" es el asesinato por motivos sentimentales. En eso entra la venganza, la defensa propia o por amor al arte. Sí, ya lo expliqué al principio, matar es un arte, aunque también sea un lucrativo negocio. Esta nueva condición del asesinato no te deja disfrutar realmente, se convierte en una rutina que puede llegar a destrozarte no como ser humano (eso se da por supuesto cuando has segado alguna vida), sino como ser racional.

Conocí, no hace mucho, a un equipo de cuatro ladrones serbios que iban de mansión en mansión del mundo robando joyas. Planificaban cada paso, cada disparo, cada detalle. Tenían un lema: "Nadie se defiende, llaman a la policía". Todos llaman, menos aquel chalado del lago Como que se cargó a tres con una recortada y reventó la pierna al restante.

Creer que los humanos somos una secuencia de acciones y reacciones, que es lo que suele pasar cuando los billetes no te dejan ver tu nariz, puede acortar tu vida de forma drástica. Para evitar eso, yo hago de vampiro.

Estoy en un bar, palpo el ambiente, me fijo en una chica, me acerco sin ahuyentarla, converso, la invito a una copa, a dos, a tres, le acompaño afuera para liarnos, le beso...y le hundo el cuchillo en el cuello.

Mi pasatiempo, para innovar un poco. Más o menos he descrito un día poco inspirado, aunque me gusta masticar lentamente antes de engullir. Siempre las elijo con cuello bonito y desnudo de colgantes, cascabeles o demás. Y no, nunca he probado la carne humana, ni tampoco he saboreado la sangre. Pero la idea de un monstruo que sorbe la sangre de sus víctimas para sobrevivir me resulta...interesante.

Siempre recordaré mi primera cacería. Tenía 19 años. Ya había asesinado en otras ocasiones, pero pasaba por una época vacía y sin sentido. En pocas palabras, me había enamorado de la chica equivocada.

Ariadna. 18 años. Morena, rellenita, buena delantera y trasera. Una zorra que se beneficiaba a todo lo que se moviera. Menos a mí. Sabía de mis pequeños vicios y prefería mantenerme como amigo especial, a una distancia considerable del resto de sus conocidos, eso sí. Quedaba con ella y hablábamos durante horas. ¿Sobre qué? Su padre era policía y ella tenía unos conocimientos muy útiles sobre cómo analizaban la escena de un crimen y demás. Poseía la capacidad de hipnotizarme y la usaba en su provecho. Practícamente podría decir que éramos una pareja divorciada, en la cual yo siempre le pagaba una pensión que gastaba en sus amantes.

Un sábado, decidí acabar con ella. Compré una navaja suiza, me la guardé en el cinturón y me puse guantes de plástico. Camisa verde, AXE y mis mejores vaqueros. Fuí a la discoteca y allí me la encontré, con un modelito corto y azul y con su lengua metida en la garganta de un rubio con pinta de inglés. Le toqué el hombro. Ella tardó en reaccionar. Cuando me vió, dos besitos en la mejilla y el rubio a paseo. Me sonrió con sus ojitos cerrados. Más borracha de lo que suponía y eran las doce. La llevé al sillón que había en el límite de la pista de baile. Me ofreció un cigarrillo. Yo acepté. Ella me acarició la rodilla. Calentarme y divertirse mientras oía sus historias. Sucia perra.

Tuve que resistir la tentación de escucharla. Simulé lanzarme y le dije que me apetecía ir al baño. La llevé de la mano a los retretes con cerrojo. Gracias, baños mixtos.

Se arrodilló y me abrió la cremallera. Tan bebida, hasta a mí.

Su padre la encontró con su cabeza sumergida en un vater atascado y con la nuca abierta por la navaja que estaba tirada en el suelo. Los forenses encontraron restos de semen en la comisura de sus labios. No les sirvió de nada, mi manguera jamás apunta a otra cosa que no sean las plantas.

Asesinato y sexo. Un combo tan macabro como espectacular, el cual repetí en diversas partes del mundo. Pero fue irrepetible, fue mi ola perfecta. Intento llegar a tal nivel de perfección en todos mis trabajos, nunca logro ni acercarme. Solo pasa una vez en la vida.

¿Hablamos de mi infancia?

CONTINUARÁ

 







 

domingo, 10 de julio de 2011

Notas de un asesino (IV)

-¿Qué quiere que le diga?-Temblaban sus piernas. Me ponía nervioso.

-Busquemos la verdad ¿no cree?-Un disparo en una de ellas y la sangre humedeció su pantalón. Gritó con el contacto de la bala. Seguía el viento huracanado afuera.

Él intentaba tumbarse de una forma cómoda. Yo pisaba con fuerza la herida.

-¿Duele?

Apretaba los dientes. No aguantaría mucho desangrado.

-Mírame bien. ¿Recuerdas esta cara?-A esto le llamó disfrutar.

Le agarré de la cabeza y le pusé su cara a un palmo de mí. A los segundos, ya sabía quién era.

-Cabrón-me escupió.

-¿Yo? Tú mataste a tres inocentes banqueros-me limpié la cara y le golpeé en el pecho con mi revólver.

-Cabrón.

-¿No sabes decir nada más?

Él seguía mudo.

-Sí, mandaste mi foto a todos los periódicos. Sí, ví cómo me seguías. Sí, yo también te seguí. Sí, yo maté a los tres.

-Tú pagado por la CIA para meter a Alemania aún más en la guerra. Yo pagado por tí mismo para matarte. ¿Por qué?

-Seguiste los mismos pasos que yo, sólo que un poco por detrás. Eres mi falso culpable.

-Todos sabrán tu aspecto. Jamás podrás andar tranquilo.

-Mato gente. La tranquilidad no forma parte de mi trabajo.

Un agujero en su cabeza le silenció.

Al día siguiente, mi retrato en los diarios de todo el mundo, junto al de Thomas Scholl. Se me relacionaba como su cómplice. Portaba una gabardina negra y unas gafas. Mi pelo tenía color azabache y mi nariz salía de la bufanda que me rodeaba la cara cual topo que sale del hoyo.

Por primera vez, leí mi nombre, aunque fue sin que le otorgasen mayor importancia. No pasa nada, aparecería más...y el mundo aprendería a temerlo.

CONTINUARÁ

domingo, 12 de junio de 2011

Notas de un asesino (II)

Aquel fue un gran día. Soleado en Nueva York. Tuve que ir en bermudas y con la camiseta de mi equipo, los Nothingham Forest. Parecía un turista y realmente lo era. Nunca había trabajado en la "Ciudad que Nunca Duerme" y aproveché para visitar alguno de los principales edificios tres horas antes de ponerme al asunto. Fui al Empire State, subí hasta el mirador de la última planta y no pude resistirme a mirar como un niño de 5 años el paisaje de acero y hierro. La modernidad, el progreso, la tecnología, en resumen, el ingenio de un hombre nunca satisfecho con lo que le dieron por naturaleza. En fin, los rayos del sol inundando las ventanas de decenas de rascacielos. Qué más se puede decir.

Tras estar dos horas rondando por allí, me fui a mi habitación del hotel International, ese que está al lado del Waldorf Astoria. No fuí a este último porque tampoco es que por ese tiempo tuviera demasiado dinero para lujos, aunque el contratista me pagó la mitad de la noche. Un detalle por su parte.

Me cambié de ropa veraniega a algo más de sport. Mis zapatos de footing de Nike, blancos con el logo en negro. Una sudadera negra de las de capucha y con las letras de Adidas blancas. Y un pantalón oscuro de deporte. Mi revólver con cinco balas ya cargadas en el bolsillo con cremallera de mi sudadera. Efectivamente, no soy de los de traje y pajarita. Me gusta estar cómodo y siempre tengo que calentar un poco antes de ir a por mi objetivo. Las precauciones son asunto serio, sobre todo si sospecho que voy a tener que correr.

Me puse a hacer estiramientos y a dar vueltas cerca del Central Park West. Eran las 18:23 según mi reloj. La presa pasaría por el Edificio Dakota a las 18:45, en su paseo rutinario hasta Strawberry Fields, el conocido monumento en memoria de John Lennon.

Antes que relatar su muerte, me detendré en analizar a este personaje tan conocido como controvertido. Su nombre creo que es conocido por todos: Michael Tysler. Este tipo, nacido en Utah, inició un movimiento pacifista en el 2005 que abogaba por la retirada de las tropas aliadas de la Atlántida. Convocó protestas por todo el mundo a lo largo de 5 años y su causa tuvo muchos seguidores que forzaban a sus respectivos gobiernos para el progresivo abandono del país. Estas presiones llegaron a desembocar en desorden público y en ataques indiscriminados contra las embajadas del país líder de la Alianza, EEUU. Michael en ningún momento condenó los ataques, pero sin embargo trasladó su residencia a la isla de Manhanttan, donde vivía bajo el mecenazgo de Bill Kotes, atlante exiliado y empresario perteneciente al sector de las energías renovables, cuya fortuna era obscenamente grande. No me detendré a analizarlo, porque podría sacar demasiado mierda y todo lo que tenían que decir esas adolescentes tailandesas sobre él...Ah, no, que nunca lo dijeron. Bueno, sigamos con Tysler.

Él sentía una extraña atracción hacia la figura de John Lennon. Siempre por la tarde, a la hora que antes he dicho, acudía al lugar donde le mataron sin escolta. Se quedaba una hora embobado con las flores que formaban el símbolo de la paz. Un animal de costumbres, tan fácil de cazar como una gacela herida.

Llegada la hora, me dispuse a ir hasta allí. Me lo encontré concentrado en todo lo que aquello significaba para la gente de su estilo (idealista, soñadora, todas esas chorradas...) Vestido con una gabardina verde que le llegaba hasta sus zapatos marrones, lucía su larga caballera con el orgullo de quien ha combatido al imperio y ha sobrevivido para contarlo. Al menos hasta ahora.

Hay compañeros de profesión que se acercan a las víctimas solitarias y lo matan en el cuerpo a cuerpo, bien con un tiro seguro, bien con un contacto físico que implica ahogarle o apuñalarle. En mi opinión,  lo hacen los que no confían en su puntería o los que son unos ansiosos de tocar carne. Menos mal que yo ya superé esa fase y he ganado una habilidad con la pistola bastante admirable por algunos de mis compañeros. Así que fue tenerlo a una distancia de 7 metros, sacar el revólver y disparar dos veces, un impacto al pecho y otro a la cabeza. Me alejé de allí como si tal cosa. Fin de la partida.

A la mañana siguiente compré todos los periódicos. Titulaban en grandes letras: "MICHAEL TYSLER R.I.P" o "MUERTO EL LÍDER DE LA PAZ". En páginas interiores narraban que fue encontrado por Margaret Bishop, una viejecita que mientras paseaba a su perrito lo halló tirado sobre el Strawberry Fields, con la sangre tiñendo la inscripción de "Imagine" con un rojo intenso. Sin duda, un cadáver muy artístico.

Recibí el pago en mi cuenta corriente de UBS al día siguiente. Huelga decir que era la mitad, ya que la otra me fue entregada al aceptar el encargo. En total, unos 5 millones de euros. Mi primer gran encargo. Y todo gracias a mi amistad con cierto miembro de la CIA. Aunque esa relación la describiré más adelante.

La cuestión es que ya tenía cartel internacionalmente hablando y por ello recibía encargos de todo tipo, desde liquidar a un opositor en Irán hasta planear el asesinato del presidente de Rusia. Tuve que rechazar muchos, pero acepté uno que me llamó la atención y que me hizo ser medíatico, por así decirlo ¿Vamos al 11 de diciembre de 2012?

CONTINUARÁ

sábado, 11 de junio de 2011

Notas de un asesino (I)



Hola, soy Henry Lewis. Escribo esto con el deseo de que se conozcan  mi vida y no sólo la que aparece parcialmente en los medios en tantas ocasiones. Eso de ser el hombre más buscado de Occidente me llena de orgullo y no por eso voy a dejar que otros opinen sobre mí. He aquí la verdad.

 Empezaré con una breve explicación de mi trabajo.Yo mato personas. No porque me caigan mal, sino porque me pagan por ello. Así de simple y claro. Tú me das dinero (mucho dinero, mi caché es elevado) y yo hago que una o varias personas desaparezca de este mundo. El negocio lleva funcionando así desde tiempos inmemoriales. Y no sólo este.

El quid de la cuestión no son las motivaciones por las que actúo. Es más bien el método. Cómo finiquitó una vida humana. Unos lo consideran el acto más atroz que podemos cometer. Yo lo veo como una forma de arte, la más complicada y bella de todas. Unos ojos que se cierran lentamente, la respiración que se apaga, la sangre que brota de un cuerpo...ningún cuadro o libro puede alcanzar esa conexión íntima con la persona que consigue el asesinato. Ese frío que recorre el cuerpo y esa sensación de elevarnos por encima de cualquier posicionamiento ético. Esa vida debía acabar y acabó. Quizás las razones no eran las correctas, pero quienes somos nosotros para dudar del valor del dinero. Alguien lo quería fuera y me renumeró para que estuviera fuera.

Vivimos y morimos. Ese es el flujo de nuestra existencia. Cortar el de otra persona significa convertirnos en dioses que se encuentran en una posición privilegiada frente al destino. Cuándo, cómo, dónde y quién. El "por qué" no tiene demasiado interés.

Aún con eso, prefiero las armas de fuego. Los puristas defienden las armas blancas. En mis inicios he de reconocer que degollaba a mis víctimas con un cuchillo, pero era un joven alocado sediento de vísceras. Tampoco tenía las preocupaciones de ahora. Antes lo hacía por diversión, por el mero hecho de pasar un buen rato. Ya he madurado, no voy destrozando las vidas de universitarias que tuvieron la pésima idea de pasear por el parque a la noche como yo. Me he vuelto un profesional y la velocidad con la que se ejecuta mi oficio resulta esencial. Un segundo de recrearse en el festín supone tu detención o tu defunción, dependiendo de la legalidad de los trabajos del individuo al que acabas de dar káput.

La rapidez hace a las cosas bellas. Sin que te des cuenta, te anotas a uno más en tu cuenta particular (sí, tengo una) Siempre me ha encantado mi trabajo porque lo hago limpio, sencillo y eficaz., lo que siempre conduce a una celeridad en el asesinato que a veces incluso me asusta.

Quizás no me comprendan y me etiqueten como un psicópata. Cuestión de puntos de vistas, yo les veo a ustedes como los auténticos psicópatas. Explotan a los países subdesarrollados para trabajar menos, se entretienen con fuegos de artificio mientras en otras partes del mundo hay dolor, se dejan gobernar por corruptos... En fin, "no juzguéis si no queréis ser juzgados", dijo la Biblia.

Bueno, creo que debería empezar a contar algo que a los que me lean les resulte familiar. ¿Les suena el 23 de febrero de 2012?

CONTINUARÁ