miércoles, 29 de junio de 2011

Cuentos de la Atlántida: Patatas para todos



Mike siempre fue un hombre de campo. Desde que sus padres ingleses vinieron a las fértiles tierras de Atlántida, él siempre cultivó la patata en los terrenos que compraron al pueblo de Pyoka. Incluso muchos lugareños comenzaron a trabajar para esas tierras, dada la pobreza de aquella gente. A la muerte de sus progenitores, las patatas de Mike se vendían a lo largo y ancho del país. Todo gracias al esfuerzo y dedicación de ya todo Pyoka, que ya veían a aquel británico como un paisano más.

Fue un lunes cuando empezaron los viajes a la capital de gran parte de la población. Volvían con sacos y sacos de patatas. Decían que se repartían gratis en el ministerio de Agricultura. Mike quiso interesarse por como se producía aquello y viajó personalmente a Poseidonville. Allí se encontró con una multitud de personas que se agolpaban delante de gigantescos camiones cisterna en busca de la ansiada patata. Imponentes militares tiraban el ansiado cargamento a la población. Por allí también pululaban algunos periodistas, que hablaban a las cámaras de "la venida del Estado del bienestar" o del "fin del hambre".

Cuando volvió, vió que muchos de sus trabajadores se marchaban con sus familias. Él les dijo que les subiría el jornal pero ellos no querían trabajar más para ganar algo que podían recibir en mayor número de la mano del Estado.

Ya nadie compraba patata a Mike. El pueblo laborioso se convirtió en fantasma. Él quedó como único habitante. Paseaba por sus calles, recordando saludos y invitaciones a la taberna. Finalmente, él también se fue.

De aquel campo ya solo quedó la tierra en desuso. Y como éste, todos. Eso sí, patatas para todos.


miércoles, 22 de junio de 2011

Respiro y sigo

Fuí como una pelusa que vuela y vuela sin saber dónde va a parar. No juzgues antes de saber, nunca me sentí cómodo en este museo de caras decorativas y corazones de papel. Todo me parecía a semejanza de una gigantesca feria de marionetas, donde todas son conocidas por lo que aparentan. Un mundo estructurado por castas, ríase la India.

Sin embargo, no lloro. Me arrepiento, no me sumé a la fiesta, pero no lloro. Sé que hice lo correcto. Aunque la tentación fue fuerte, darle la mano a alguien en una caída mutua, yo lo fuí todavía más. Ni un caballo de madera consiguió entrar en Troya. Sin embargo, ¿de qué sirve una existencia de soliloquio, por muy brillante que sea? Letras llenas de conocimientos pero faltas de chispa. Metí hoyos en uno pero nadie me felicitó por el drive espectacular.

¿Qué es esto? ¿Una lágrima o una gota de agua? La lluvia se confunde con mi pasado. Mi paraguas estaba abierto. Un trazo de Sol en el cielo nublado. Lo tiré y empecé a pasear. Unas vías tienen una dirección, fuí por el campo. Piso charcos, sacó la lengua para probar los reinos de Poseidón, ruedo por la colina a carcajadas. ¿Locura?

Un asco más bien, pero jamás me había revolcado en el barro. Asombroso cuánto puedes disfrutar cual puerco en pocilga.



lunes, 13 de junio de 2011

Derecho a dormir

" Lo más importante y lo que configura una vida feliz no es ser rico, fumar o ser libres para expresarse. Es, sin ningún género de dudas, dormir.

Hay unanimidad entre la población. Nadie puede negar que cuando más disfruta es cuando se tira en una buena cama. Sábanas blancas tapándole, un colchón adaptándose perfectamente a su columna vertebral, un espacio mínimo para retozar cual cerdo en el barro. Lo que une a la raza humana, al margen de religiones, .

Cerramos los ojos e imaginamos lo más bonito que nos ha pasado, está pasando o pasará en nuestra vida. Esa Champions del Barcelona, esa chica que nos gusta, ese coche que voy a tener cuando sea mayor...Aunque quizás pueden venirnos malos momentos: ese 0, ese rechazo, esa oportunidad que se escapó...Pero da igual, porque como en las "Coplas por la muerte de mi padre" de Manrique, "todos los ríos conducen al mar", es decir, todos terminamos sobados ante el empuje de nuestra persistente alegría o desgracia.

Una hora, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez y cuando lo requiere la situación muchas más. Porque en nuestro descanso pueden cruzarse sueños o pesadillas, un caballo blanco o negro, el agua o el fuego, ya que en ambos casos son imaginarios. Y es la imaginación lo que nos separa del resto de los animales, lo que nos hace dominarlos.

Despertar. En nuestra existencia jamás sentiremos un deseo similar de quedarnos en un mismo lugar más tiempo. Las legañas todavía viven en las comisuras de nuestros párpados y nos hallamos desorientados sobre dónde nos encontramos. Los que estén en una ciudad lejos de su hogar y luego hayan vuelto a su casa sabrán de lo que estoy hablando. ¿Ese Sol ilumina mi cama de mi infancia o de mi madurez?

Y sí, recuerden esta máxima: "El hombre más feliz es el que más tiempo pasa en la cama" El que puede quedarse remoloneando hasta la tarde, sin ninguna otra preocupación. Poner los pies en el suelo conlleva enfrentarse a un mundo hostil, que espera nuestro concurso para destrozarnos a la mínima.

Y por ello, defiendo que el derecho a dormir se incluya en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Muchas gracias."

Un sonoro aplauso retumbó en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Todos los representantes de los países aplaudiendo a una persona que descendía del estrado. El de España dándole un abrazo al pasar por su lado, el de Reino Unido estrechándole la mano con fuerza y el secretario general acompañándole hasta la salida, con la sala en pie y continuando con las palmas.

¿Saben quién era esa persona? Pues podrías ser tú. Sí, tú, amable lector. Dudo que logres dar un discurso en el edificio donde todos los países están presente pero ¿quién sabe? Un sueño como otro cualquiera.