viernes, 26 de julio de 2013

Se dice Juego de Tronos, pero se lee Canción de Hielo y Fuego

Si has leído la obra cumbre de George R. R. Martin, felicidades, sabes que la cuarta temporada de Juego de Tronos será mejor que la tercera. Si piensas que la serie se llama igual que la saga de libros, no te has enterado de nada.

¿Por qué tienes que dejarte los ojos en la magna novela río llamada Canción de Hielo y Fuego (CdHyF)? ¿Que no te gustan las historias de fantasía? 

Calificar CdHyF de fantasía indica que sigues sin enterarte. Cierto que hay elementos propios de la ficción mítica, como dragones o espectros, pero son un recurso más que usa el autor para crear suspense en la trama. En el primer libro, Juego de Tronos (un título más comercial para vender la serie), sólo aparece algo irreal al principio y al final, como cliffhanger que nos empuje a seguir devorando páginas en un futuro. No esperes que la magia sea un constante deus ex machina que salve a los buenos y castigue a los malos.

¿Los Lannister son malos y los Stark buenos? ¿Cómo?

La lucha por el Trono de Hierro no resulta tan simple. Cada familia tiene intereses propios y no encajan en una ética universal. Nuestro esquema de valores nos empuja a pensar en los Stark como los defensores de todo lo bueno y, por tanto, deben triunfar. 

Para desgracia de los Stark, viven en un mundo realista, no en la Tierra Media o Narnia. La astucia vence al honor en la mayoría de ocasiones. Y en eso, personajes como Tyrion o Jaime Lannister superan ampliamente a Ned Stark, el protagonista inicial.

¿Tantos personajes te lían?

CdHyF asienta su riqueza en la infinidad de sujetos del pasado y presente que ocupan los capítulos. Digo pasado también porque los precedentes históricos de los Sietes Reinos son primordiales para entender la historia presente de Poniente. Muchos conflictos se heredan de generación en generación y estallan cuando menos te lo esperas.

¿Necesitas más argumentos? 

Pues compra el primer libro. La prosa de George R. R. Martin hará el resto



jueves, 25 de julio de 2013

Cuando viene el desastre

Sólo conozco a un país que busque la responsabilidad de su Gobierno por un accidente: España. Da la sensación de que Rajoy tendría que haber parado el tren con su cuerpo, a riesgo de perder su exquisita pronunciación de la "s". 

Hago memoria y esta mentalidad canalla de exigir al presidente o a sus ministros que nos protejan de cualquier imprevisto se repite en nuestra Historia. Parece que toda muerte catastrófica forma parte de un trabajado plan reaccionario para devolvernos al franquismo o a una república, según la perspectiva del momento.

No digo que no se investigue la tragedia en profundidad, pero hay que efectuarla con sentido común y respeto a las víctimas. Las teorías de la conspiración, para la ficción artística. 

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Los de arriba contra los de abajo

El Gobierno español sigue con su comportamiento de avaro publicano, en busca de nuevas formas de expoliar a la sociedad.  Hoy se rumorea con gravar los depósitos de los bancos. Atacar a esa gente que con tanto esmero ahorra su dinero para gastarlo en el medio-largo plazo. Sencillamente abominable.

Cierto es que tenemos una deuda en torno al 100% del PIB, pero no se pagará a costa de empobrecer a los ciudadanos. Hay que incentivar la creación de riqueza, no penalizarla con altos impuestos. Parece de sentido común, aunque ya nadie duda de que en La Moncloa brilla por su ausencia.

La salida de la crisis supone recuperar la confianza en el individuo como motor económico. Ya hemos visto en repetidas ocasiones lo que pasa cuando confías en los políticos para que creen prosperidad. Abducidos por los intereses de su clase, se dedican al saqueo sistemático para asegurar su prosperidad y la de sus amiguetes banqueros, sindicalistas y empresaurios. Ahora, sin prosperidad a la vista, lo único que buscan es pagar sus trampas con nuestro esfuerzo y dinero. ¿Se lo vamos a permitir?